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15/06/2007

Giovanni Sartori reedita su clásico sobre las claves de la democracia

A Giovanni Sartori (Florencia, 1924) le fastidia el novedismo, el afán de lanzar constantemente propuestas supuestamente novedosas aunque sean, como tantas veces ocurre, infundadas. Frente al empeño por emitir ocurrencias inéditas, sin padre ni madre, él prefiere remitirse al conocimiento previo. Ángel Vivas / El Mundo

«Hoy», ha escrito Sartori, «casi todas las publicaciones sobre la democracia se caracterizan por una abismal pobreza de información, tanto histórica como teorética (basta ojear las bibliografías). Escribir un libro de química sin conocerla, no funciona. Pero escribir un libro sobre la democracia para darse lustre siguiendo las consignas de moda funciona estupendamente».

Quizás en parte por todo lo anterior, Sartori ha decidido recuperar su clásico trabajo ¿Qué es la democracia? En una edición ampliada (Taurus), que, como cualquiera de los suyos, no sigue desde luego «las consignas de moda». En un epílogo escrito para la ocasión, y significativamente titulado Nuevos problemas, aborda cuestiones como la exportabilidad de la democracia, el islam, el laicismo o el desarrollo insostenible.

Sartori cree que «la democracia puede arraigar en culturas no occidentales», como prueban los casos de Japón y la India. Sin embargo, ve muy difícil que ocurra lo mismo en el mundo islámico. «Teniendo en cuenta todo lo que vemos, el islam parece muy impermeable, muy rígido y poco flexible en las relaciones interculturales. Se ve claramente en el caso de la India, donde estuvieron desde finales del siglo VII. Cuando se fueron los británicos, hubo que dividir el país para evitar una guerra civil. En más de mil años los musulmanes ni se integraron ni se asimilaron, y hubiera sido fácil, ya que el hinduismo es politeísta y hubiera podido admitir un dios más, además de pacífico y flexible. El que no ocurriera la integración es un ejemplo decisivo que habla por sí solo».

A propósito del islam y de la conveniencia de que pase por un periodo de Ilustración, Sartori se remite a uno de esos viejos maestros que él deplora que se olviden, Arnold Toynbee. «Él ya lo dijo y lo documentó muy bien, pero nadie le sigue. Su argumento es que, cuando las civilizaciones decaen, reaccionan de dos formas: abriéndose a otras influencias o volviéndose más rígidas. El islam ha hecho lo segundo; no tiene capacidad de adaptación, porque adaptarse supone renunciar al principio en que se basa su identidad, que es la creencia religiosa. Al contrario que los cristianos occidentales, los musulmanes no tienen más identidad que la religiosa; si pierden su dios, pierden su ego».

Sartori nunca se ha mordido la lengua y no va a empezar ahora, a sus años. Si Amartya Sen le parece un ejemplo de «quienes creen que por tener el Nobel adquieren conocimiento por infusión divina», de Bush dice que «ahora ya no es un borracho, sino un cristiano renacido; habría sido mejor que siguiera siendo un borracho». Lo dice por la alianza de Bush con las ideas de la iglesia católica para combatir el control de la natalidad, lo que le parece «un desastre» ya que la superpoblación está en la base de todos los problemas ecológicos que nos amenazan.

«La única variable que podemos controlar es la población, ya que la tecnología es imparable. Pero si en vez de 6.000 millones de personas fuéramos 3.000, no habría contaminación ni otros problemas, la naturaleza es capaz de autorrepararse. El desarrollo no es sostenible porque somos demasiados», sentencia.

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